jueves, 4 de junio de 2009

Esos maravillosos padres.

Para ser padres y políticos no te piden estudios, los dos pueden cambiarte la vida y sin embargo no se hace ni un cursillo, y claro, luego pasa lo que pasa.
La infancia es una prueba de supervivencia, si la superas y a los 20 no estás en el psicólogo, es que tus padres son la caña o tú eres un psicópata.
Cuantas veces vas de visita a casa de tus amigos que acaban de ser padres, viven en el séptimo y el calor se nota en el quinto. Entras en su casa y sientes una opresión en la garganta, pasas a su habitación, una cama, una cuna y una estufa de refuerzo por que la calefacción central no es suficiente. Te acercas al la cuna, debajo de un edredón nórdico, dentro de un pijama de oso, y con un gorro alcanzas a verle los labios.
-¿crees que tendrá frio?- pregunta su madre
(¿Crees que estará vivo?)
Te lees el “ser padres” “tu hijo” y todas esas revistas de bebes, pero no sé porque, no te ayudan mucho. Una semana te dicen que lleves al niño al pediatra ante la más mínima duda, en el siguiente número que no seas paranoica, unas veces te dicen que les dejes llorar y otros que les abraces siempre. Al final decides comprarla una semana si y otra no, para que no se contradigan.
Pepe y María tienen la casa empapelada con bolitas de esas que te ponen en las cajas con la cerámica, las que explotas. Este niño que está acostumbrado a tirase en su casa y rebotar llega a la mía y se pega la leche padre. Y es que el pobre no es consciente del peligro.
Mi consejo es que forren al niño con las bolitas así puede ir a casa de cualquiera.
A los padres nos encanta presumir de hijos.
-El mío caminaba con nueve meses.
-Pues el mío con tres años ya leía.
-Pues mi hija con cuatro años ya usa la talla 6.
Le enseñamos canciones que les “exigimos” cantar en cualquier momento, y delante de cualquiera, los tratamos como payasitos andantes
Y lo que nos gusta engañarnos a nosotros mismos.
-El profesor dice que es muy inteligente, solo que es vago.
-El mío suspende porque es superdotado, como se aburre en clase se desmotiva.
-Mi hijo no bebe, el otro día vomito porque le sentó mal la cena.
-Los condones no son suyos, se los guarda a un amigo.
Mi conclusión es, que cuanto menos esperes de tus hijos más alegrías te dan...

5 comentarios:

CISNE dijo...

Cierto...muy cierto,cuanto menos esperemos de nuestros hijos...mejor,hay gente para todo,para tener a sus hijos como muñequitos o para hacer de ellos lo que sus padres no han sido o no han podido ser...se engañan a si mismos...a los hijos hay que aceptarles como son,mejores o peores..respetar su personalidad y vigilarles de lejos...asi aprenderan a valorarse y a darse coscorrones si es necesario,hay estaremos los padres para apoyarles,NO HAY NINGUN LIBRO PARA APRENDER A SER PADRES,cada hijo es distinto y cada padre lo mismo.
besitos

juan dijo...

Que facil es hablar desde la madurez de haber sido padre...
Ayer alguien me dijo los hijos no aprenden de lo que le enseñas si no de lo que ven que haces...
No me queda mas remedio que darte la razon jeje un beso....

P.D. yo no quiero tener hijos

Zentolo dijo...

Lo que yo jamás entenderé de los padres es esa manía que tienen de pensar que los niños son como ellos.
¿Que tienes frío? Llamas al niño y le dices que se ponga un jersey, que hace frío. Y el chaval chorreando sudor.
¿Que te gusta un modelón? Pues vas y se lo pones, a pesar de que sea más hortera que los de Ágata Ruiz de la Prada y la criatura parezca un cromo.
Y luego, claro, esos mismos padres son los que dicen: si, mi crío tiene mucha personalidad... jajajajajaja.

Patata Piloto dijo...

Jajajaja. Genial!! Me he reído muchísimo!! Entre la anécdota de las bolitas, la calefacción y comprar las revistas de manera quincenal... XDDDD
Y sobre todo me gusta la reflexión inicial: si a los 20 no has pisado el psicólogo es porque tus padres han sido la caña o porque eres un psicópata. Un diez!!

Carlos dijo...

Madre mía,

y pensar en lo que harían nuestros abuelos...

Lo de las frases que dicen los padres de sus hijos, son tan verídicas y risibles que llevan a la compasión.

La del niño que saca malas notas porque es superdotado, para enmarcarla.

Si yo fuese el profesor del nene y tuviese a los padres delante...

Se me hacen los dedos huéspedes sólo de pensarlo.