martes, 15 de junio de 2010

De serotoninas, endorfinas, feromonas... que cosas

Dice un amigo mío economista que las decisiones más importantes de la vida no las tomas con la cabeza, de otro modo no nos casaríamos ni tendríamos hijos.


Al final dejamos esas decisiones a las hormonas y las sustancias químicas que actúan para que nos enamoremos o para el famoso reloj biológico, esa necesidad irrefrenable que pasamos todas las mujeres de tener descendencia, y por mucho que veas que tener un marido, un hijo solo es un lastre y una forma de atarte a situaciones que te quitaran autonomía e independencia seguimos adelante cegadas por los sentimientos.

Y como le dije a mi hija pequeña, la de viajes que podría hacerme con lo que me gaste en ti, a lo que ella me respondió.. mama, vas a poner precio a las sonrisas que te provoqué.. (mecagonlasdrogas)

Pero para contrarrestar al economista, está el antropólogo que dice que es una herencía genética, todo una cuestión de supervivencia, que todas buscamos el macho alfa para tener nuestros hijos y ellos mujeres con grandes caderas para parir niños sanos, que puedan cazar mamuts y mantener la especie.

Y así nos movemos entre la antropología y la economía y entre medias, el eslabón perdido ¿Donde coño están los mamuts que tienes que cazar?

Y andamos perdidos, esas sustancias químicas que nos dominan nos desconciertan, por un lado te dicen que el dinero no da la felicidad pero queremos ser felices con dinero, más bien con cosas, puesto que con las cosas consigues esas sonrisas o esos pequeños placeres efímeros que terminan en cuanto te llegan los extractos de banco

Lo ideal es utilizar el corazón y la cabeza para tomar decisiones.

Por ejemplo, enamorarte de una persona con dinero, liberal y comprensivo…

Eso sí sería emocionalmente practico

Alguna gente lo hace, pero yo me quede dormida el día que daban clase sobre el amor y la maternidad

Y nos casamos y en muchas ocasiones descubrimos que tenemos otro padre, u otra madre, y tenemos hijos que no acaban de estudiar ni a los 30 y que no se van de casa ni con agua caliente y te dicen que la cosa esta muy mal y con el dinero que ganan no les da para el alquiler, pero claro si se lo gastan en copas los fines de semana ni a mí.

Y tus hijos te culpan de todo lo que les pasa, que no les apoyaste lo suficiente, que les presionaste demasiado, que no le diste la bofetada, que le diste muchas bofetadas… la mayoría piensa que naciste por generación espontánea, que caíste de un árbol y ya eras padre, que no tienes vida, ni sentimientos, que no tienes sueños..

Hasta los 17 admito las quejas partir de ahí todo es lloriqueo.. y como dicen en mi tierra a llorar a cangas que el llorar todo son mocos.

5 comentarios:

anamorgana dijo...

Hola guapa yo entre las inas y onas me he perdido un poco.
Sí te digo que yo me perdí la clase del sentido común y la de ``que cada palo aguante su vela``.
En tu tierra tienen razón. partir de los diecisiete lloriqueo,lloriqueo y...
Besos
P. D. Ojo con tus lecturas que parecen un poco áridas, antropología!? y lo otro huyyyyy.

Anónimo dijo...

Tienes razón pero lo que aprendimos en casa con nuestros padres nos marca el resto de nuestras vidas. Y algunos tuvimos unos padres mejores que otros.
saludos

Blog A dijo...

Es cierto anonimo, pero tan bien en cierto que la culpa es soltera y nos gusta siempre hacer responsables a otros de nuestros errores, y me incluyo.
No hablo de padres maltratadores ni de nada parecido, hablo de padres normales que intentan hacerlo lo mejor que pueden, pero yo le echo la culpa a mi padre y mi padre al suyo y así hasta el infinito.

iriluna dijo...

Creo que al final la familia es lo único que mantiene la sonrisa,porque siempre está ahi,no es efímero,los viajes se acaban y a la larga llega la soledad.El camino de la familia es más difícil,pero siempre acaba compensando,y si se te olvida sonreir ellos te lo recuerdan,las fotos de viajes o la ropa del armario no recuerdan sonrisas...o esa es mi opinión...has elegido bien...

libel dijo...

¡ .. Y lo dificil que es ser padres joder!! y lo peor es que es para siempre,que del oficio de padre ni siquiera te puedes jubilar.
He perdido la cuenta de las veces que mi hijo me ha partido el corazon,nadie te hiere tan profundamente como tus hijos y lo peor es que ni así puedes dejar de amarlos.